lunes, 2 de marzo de 2026

Movilidad a Correggio. Visita al Centro Internacional Loris Malaguzzi.

 

Visitando el Centro Internacional Loris Malaguzzi: una escuela que escucha a la infancia


En nuestra visita a Correggio dentro del programa Erasmus +, he tenido la oportunidad de visitar el Centro Internacional Loris Malaguzzi, en Reggio Emilia, un espacio emblemático para quienes creemos en una educación respetuosa, creativa y centrada en la infancia.


Entrar en este centro ha sido mucho más que visitar un edificio: es adentrarse en una filosofía educativa que ha inspirado a escuelas de todo el mundo.

Para entenderlo tenemos que conocer un poco de la historia que llevó a su creación. 


Tras la Segunda Guerra Mundial, en los años 40, las familias de Reggio Emilia comenzaron a construir escuelas como símbolo de esperanza y reconstrucción social. De este movimiento comunitario nació una experiencia educativa única que más tarde sería impulsada y desarrollada por el pedagogo italiano Loris Malaguzzi.


Malaguzzi defendía una imagen de la infancia como sujeto competente, capaz, curioso y protagonista de su propio aprendizaje. Esta visión dio lugar a lo que hoy conocemos como el enfoque educativo de Reggio Emilia, reconocido internacionalmente por su calidad e innovación.


En 1991, la revista estadounidense Newsweek llegó a situar a las escuelas de Reggio Emilia entre las mejores del mundo en educación infantil.



¿Qué hacen diferente?

Durante la visita pudimos observar varios elementos clave de esta metodología:

1. La imagen del niño y la niña

Se parte de la idea de que cada niño posee “cien lenguajes”, una metáfora creada por Malaguzzi para expresar las múltiples formas de expresión infantil: el dibujo, el movimiento, la palabra, la música, la construcción, la luz, el juego simbólico.



2. El ambiente como tercer maestro

Los espacios están cuidadosamente diseñados: luz natural, materiales abiertos, orden estético y provocaciones que invitan a investigar. El entorno no es decorativo, sino pedagógico.











3. El atelier y el atelierista

Uno de los espacios más característicos es el atelier, un taller artístico donde los niños experimentan con distintos materiales. El atelierista (docente especializado en arte) acompaña los procesos creativos, no para dirigirlos, sino para ampliarlos.








4. La documentación pedagógica

Uno de los aspectos que más me impresionó fue la importancia que dan a documentar los procesos de aprendizaje: fotografías, transcripciones de conversaciones, hipótesis de los niños… La documentación no es solo memoria, sino herramienta de reflexión para docentes, familias y alumnado.








5. El trabajo por proyectos

Los proyectos surgen de los intereses reales del grupo. No se trata de unidades didácticas cerradas, sino de investigaciones abiertas que evolucionan según las preguntas y descubrimientos de los niños.








Más que una metodología: una cultura educativa

Lo que más nos llevamos de la visita no fue solo una serie de técnicas, sino una actitud: escuchar con atención, observar sin prisas, confiar en la capacidad infantil y entender la escuela como comunidad.

El Centro Internacional Loris Malaguzzi no es únicamente un lugar de formación, sino un espacio de encuentro para educadores de todo el mundo que buscan repensar la educación desde el respeto y la creatividad.




¿Qué podemos aprender para nuestro centro?

Esta experiencia nos invita a reflexionar:

  • ¿Cómo estamos mirando a nuestros alumnos/as?
  • ¿Nuestros espacios invitan a investigar?
  • ¿Damos valor a los procesos o solo a los resultados?
  • ¿Escuchamos realmente las hipótesis de nuestros alumnos y alumnas?


Sin duda, la visita ha sido una fuente de inspiración y nos anima a seguir construyendo una escuela donde los alumnos y alumnas sean protagonistas reales de su aprendizaje.


No hay comentarios: